7/1/18

Ambor



La historia que os voy a relatar trata sobre una civilización, una civilización que según los expertos es más antigua aun que cualquier precolombina. Al igual que los aztecas, mayas e incas, esta civilización de la que os voy a hablar también construyó grandes desafíos arquitectónicos con forma piramidal, y hercúleos e inmejorables templos de piedra, carentes completamente en su construcción de argamasa, que permanecen aún en nuestros días en la profunda y extensísima selva amazónica.
    Solo poseyendo un verdadero espíritu aventurero, el equipo adecuado y personal cualificado, es posible acceder y ver lo que mi equipo y yo pudimos ver. 
    Las pirámides que allí yacen, devoradas por la vigorosa y abundante naturaleza de la selva amazónica son apenas visibles a simple vista. En un principio las confundimos con gigantescas y grávidas montañas de vegetación, a pesar de la considerable cantidad de naturaleza, se podía apreciar perfectamente que tenían las cuatro enigmáticas caras casi completamente lisas. No tardamos en darnos cuenta que cuento teníamos a nuestro alrededor y bajo nuestros pies eran las construcciones de una nueva civilización, y que quizás aún no teníamos constancia y registro de ella. Una nueva civilización, diferente a la maya o azteca pero que al igual que estas, erigían pirámides. Eran aún mayores que la Pirámide del Sol en Teotihuacán, México, y obviamente menores que la gran pirámide de Guiza, la cual mandó construir el segundo faraón de la cuarta dinastía de Egipto, Keops. 

    La pictografía inscrita en la gran mayoría de paredes de las cámaras descubiertas hasta el momento en estas pirámides, dejó muy asombrados a los lingüistas de aquella expedición y a mí mismo. Era tan única como los jeroglíficos egipcios y tan sorprendentemente similares y difíciles de descifrar como las escrituras de la Isla de Pascua y las del valle del Indo. No obstante, no fue imposible de descifrar como en estas últimas, y pudimos leer lo que ponía transcurridos veinticuatro años después, desde 1981 al 2005. Veinticuatro años de ardua investigación y desciframiento lingüístico en numerosísimas y prestigiosas universidades de todo el mundo que dieron para mucho.
    Allí, en aquellos extensos y casi infinitos murales, aquella civilización plasmó con sumo detalle todas y cada una de las actividades que les ocuparon durante milenios. Tradiciones, creencias, costumbres… y cientos de historias, bélicas, de traición, amor… Sé que fue una civilización altamente desarrollada económica y culturalmente. Solo con ver sus grandes y bellas pirámides, templos, tumbas y diversos monumentos religiosos y políticos no deja lugar alguno a la duda. Aquellos pictogramas, que representaban cabezas, manos, pies, números, canoas, trillos… y una cantidad ingente de dibujos más     —muchos de ellos nunca antes documentados— permanecían mayormente tras las extensas y semiderruidas paredes hechas con ladrillos de adobe de las grandes cámaras, muchas de las cuales estaban tapiadas y al derruir el muro las pudimos contemplar bajo la creciente emoción y los inquietos haces de luz de nuestras potentes linternas LED, que recorrían de un lado a otro los grandes murales intentando abarcar con su blanquecina luz todo el conjunto sin mucho éxito.

    Allí, al fondo de una de las grandes estancias de suelos repletos de prístinas reliquias y ajuares funerarios, pero faltos por completo de un cuerpo humano que les acompañase en el más allá, como creían y tenían costumbre hacer desde el paleolítico medio hasta nuestros días en algunas y poco conocidas culturas de pueblos aborígenes —excluyendo la egipcia, claro está, que es una de las más conocidas y estudiadas civilizaciones—, nos llamó sorprendentemente la atención una especie de peana en el que descansaba sobre ella un viejo y enigmático libro de portada y contraportada hechas de madera de Quebracho, y una cantidad considerable de gruesos y amarillentos papiros en su interior. Ese libro, de escritos en un perfecto y ya extinto hierático, y casi seguro obra de dos amanuenses distintos —pues es bastante apreciable para un ojo entrenado ver que la grafía es distinta en diferentes puntos de los pergaminos—,  nos llenó en seguida de grandes dudas y temor, pues tanto la civilización egipcia como esta nueva a la que pusimos de nombre provisional Ambor, no podrían haber sido civilizaciones contemporáneas. Además ¿Cómo era posible que una civilización tan lejos de África y sin contacto con el antiguo Egipto pudiese utilizar la escritura hierática? Si estaba escrito en hierático y era proveniente de Egipto, ¿cómo es posible que el libro tuviese la encuadernación de madera de Quebracho, siendo este un árbol originario de Sudamérica? ¿Fue encuadernado posteriormente una vez en el continente americano? Estas dos últimas cuestiones eran las que menos me preocupaban. La línea de tiempo de los acontecimientos históricos establecida no cuadraba. De mi mente emergían quedando a flote decenas de preguntas, todas ellas sin respuesta. La cabeza me daba vueltas y me costaba respirar, pronto me vi en el polvoriento y milenario suelo empedrado, rodeado de mis compañeros de expedición preguntándome que me pasaba, y si me encontraba bien. 

    Por circunstancias de la vida y por mi propia naturaleza, soy una persona extremadamente incrédula, y en mi más sincera opinión, creo que la historia que cuenta ese libro es una alegoría y una pura ficción e invención de aquella civilización. No sabría explicar por o para qué lo escribieron pero como ya he escrito antes, de lo que sí estoy seguro es que no es una transposición, digamos poética de hechos reales. Aun así, aquí os dejo la traducción que hicimos de ella.


Cuando el sol caiga en el horizonte y la luna sea visible en el firmamento.
Así mismo ellos caerán y nosotros nos alzaremos.
Con ayuda de Los Quietos.
Pues al fin despertarán de su siempre vivo y eterno sueño.
La ceremonia se ha dado lugar, durante décadas.
Ahora, Los Quietos han susurrado.
Y muy pronto hablarán.
Los Quietos están preparados.
Cuando Los Quietos despierten no habrá ejército que ose oponerse a la nueva era.
Despertarán en sus grandes ciudades y poblados.
El enemigo, será gratamente sorprendido.
Y dados muerte para nuestros ojos.
Pues han transgredido, las leyes y los deseos de Los Quietos.
A los dioses.
Rezaran, pero no acudirán.
Pues no hay deidad sobre la tierra que ose interponerse en sus caminos.
Con ellos y sobre ellos han construido sus viviendas, templos y tumbas.
Cuando despierten.
Harán de sus ejércitos y pobladores, durmientes eternos de esta última.
Desde el inicio de los tiempos.
Verdes, viven, negro, mueren.
Al cielo como dioses ascienden.
Al suelo como hombres descienden.
Siempre.
Escuchan.

3 comentarios: