10/3/18

Scopaesthesia


 18:14  p. m.

La calle se encontraba desierta, ni una persona, ni tan siquiera un perro la ocupaba a la tardía hora de aquel casi finalizado día. Aún no había anochecido, pero los últimos y débiles rayos de la tenue y rojiza luz del crepúsculo ya se proyectaban en la mayor parte de las sucias baldosas de la ancha acera, establecimientos, viviendas y asfalto de la avenida en la que me encontraba.